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8 feb 2012

La increible pero cierta historia del masacrado pueblo Kikuyu

La Historia más reciente del continente africano está jalonada de pequeñas historias, a veces creibles, a veces difíciles de imaginar. En su condición de espacio masacrado, explotado y expoliado hasta la saciedad, han sido, y desafortunadamente siguen siendo, muchas las historias que nos pueden llegar a dar algunas pistas del por qué de la situación actual de tan rico continente. La historia de los Mau-Mau es una de ellas.

Las palabras Mau-Mau me traen un recuerdo infantil algo turbador. Tal vez tendría yo nueve o diez años y en un televisor recién estrenado recuerdo que conmemoraban algún hecho histórico, y aparecían  las imágenes de unos soldados británicos, en pantalón corto, que contemplaban las ruinas incendiadas de una granja. El locutor hablaba de bandas armadas de salvajes nativos, a los que calificaba con ardorosos adjetivos que he olvidado. Pero recuerdo la dos sílabas terribles: MauMau. Pregunté sobre ello y alguno de los mayores -tal vez mi abuela- me explicó que habían sido unos asesinos africanos que practicaban el canibalismo, que degollaban pobres colonos blancos indefensos y les arrancaban el corazón para comérselo. La organización Mau-Mau, en los recuerdos de mi infancia, vive asociada al horror de los sueños terribles, a las pesadillas de la niñez, que son las que menos se olvidan.


Por aquellos años, los niños europeos no sabíamos que más de cien mil kikuyus habían vivido en condiciones infrahumanas, en lo que los «pobres e indefensos» colonos blancos llamaban "african locations", especie de territorios acotados donde los kikuyu cultivaban extensiones de tierra en proporción de una milla cuadrada por cada mil habitantes. El resto de la población nativa se repartía entre trabajadores a sueldo -a sueldo de hambre, por supuesto- en las grandes plantaciones de los blancos, y gentes que vivían en las ciudades dedicados a la cotidiana tarea de sobrevivir a duras penas. El Mau-Mau fue una organización creada para combatir aquella situación, con el principal objetivo de rescatar la propiedad de la tierra para los kikuyu y expulsar a los colonos blancos británicos de Kenia.



El movimiento Mau-Mau nació de una de aquellas bandas que bordeaban la legalidad y traficaban con alcohol y drogas. Una de las pandillas, llamada el «Forty Group», que dirigía Fred Kubai, comenzó a plantear reivindicaciones políticas. Los primeros apoyos los encontró entre las prostitutas. Cuando Fred Kubai, junto a otros siete hombres, entre ellos Bildad Kaggia, el otro gran padre del Mau-Mau, se juramentaron en Banana Hill y establecieron la necesidad de la lucha armada para lograr sus objetivos, las prostitutas de River Road y de los muelles de Mombasa comenzaron a cobrar sus servicios, no sólo en dinero, sino también en balas. Una masturbación costaba una bala en River Road, y por una noche de amor se cobraba un cargador entero de fusil.

Las adhesiones al Mau-Mau se extendieron con rapidez en las ciudades y en el campo. El juramento era un acto parecido a la circuncisión, en la tradición ceremonial de los kikuyu, e incluía el sacrificio de una cabra macho, cuya sangre se mezclaba con la de los juramentados. Aquella ceremonia, la única que el Mau-Mau recogía de la tradición religiosa kikuyu, contribuyó a dar fama al movimiento de ser una sociedad que mezclaba la magia con el terror.

La organización se dividió en dos grupos: el ala militar o combatiente, y la pasiva o de apoyo, encargada de recoger el dinero, las armas y la información para nutrir al ala militar. Se formaron secciones regionales, pero las más importantes eran tres: la de Nairobi, la de los montes Aberdares y la del monte Kenia.


Pronto, las guerrillas Mau-Mau comenzaron a atacar granjas de colonos blancos y se produjeron algunas muertes. En 1952, el Mau-Mau fue declarado fuera de la ley y las tropas británicas, con soldados indígenas integrados en las Home Guards, iniciaron una guerra sin cuartel. No obstante, y pese al empleo de toda suerte de armas de fuego, además de tanquetas y bombardeos selectivos desde el aire, los combatientes maus encontraban en las escondidas selvas de los Aberdares y del monte Kenia, y en las callejas de los suburbios de Nairobi, lugares donde la policía no podía dar con ellos. Los maus aprendieron, ocultos en las selvas, a saber por los cantos de los pájaros y los gritos de los monos cuándo el enemigo se acercaba a sus campamentos. Se construyeron sus propias armas de fuego de forma rudimentaria, y siguieron empleando las largas espadas, las pangas y las flechas envenenadas.

En 1954, el Gobierno no había hecho muchos progresos. En ese año nuevos colonos murieron, y Londres decidió cambiar de táctica. Se creó una nueva tropa, los "pseudo gangs", en su mayoría desertores de los maus o colaboracionistas que vivían en las mismas regiones. Estos pseudos se infiltraron en la guerrilla y fueron también los guías en la selva de las tropas gubernamentales.

Otro elemento que jugó en favor de Londres fue la división del pueblo kikuyu entre los que apoyaban a los maus y los llamados loyalist. Este segundo grupo surgió alrededor de los kikuyu que profesaban la religión cristiana y también entre aquellos que seguían a sus jefes de aldea o distrito, por lo general comprados por los colonos y colaboracionistas de la policía. En favor de los loyalist tuvo un gran peso la masacre de Lari, una matanza perpetrada por el Mau-Mau en una aldea cuyo jefe era colaborador de los colonos y en la que murieron 93 personas, entre ellas varios niños.

En medio de las dos facciones se situaba Jomo Kenyatta. Luchaba por la independencia, pero preconizaba medios políticos no violentos y rechazaba al Mau-Mau. La idea de Kenyatta era llegar a un pacto con los colonos y construir una Kenia independiente en la que los blancos encontraran sitio. Londres no quería ni oír hablar de independencia y Kenyatta fue detenido en 1952, juzgado y confinado en la cárcel, de donde no saldría hasta 1961.


A finales de 1954 fue capturado el general «China», uno de los grandes líderes maus, y la resistencia remitió en la zona del monte Kenia. Pero el gran golpe contra el Mau-Mau no llegaría hasta 1956, cuando cayó prisionero el más carismático de todos los «mariscales de campo» de la organización, Dedan Kemathi, que dirigía el Mau-Mau de los Aberdares.



Kemathi había nacido en 1920. Apenas había podido estudiar, debido a la miserable condición de su familia, pero era un hombre inteligente, un estupendo orador y un apasionado lector de poesía inglesa. Medía dos metros de altura y era muy fuerte.

Se proclamó muy pronto «Caballero Comandante del Hemisferio Africano y Lord del Hemisferio Sur». Creía que sus sueños eran verdad y era capaz de matar a un compañero si había soñado que éste le traicionaba. Sus ideas políticas eran muy precisas. «Rechazamos la colonización de Kenia porque nos ha convertido en esclavos y mendigos», dijo en cierta ocasión. Añadía: «Lucharemos hasta el final del mundo a menos que nos devuelvan nuestra libertad y nuestra tierra». Sus ambiciones iban muy lejos: 

«Me considero un gran patriota que lucha no sólo por la libertad de Kenia, sino por la de toda África oriental y el resto del continente». A sus tropas, en fin, las arengaba con el siguiente lenguaje: «Seguid mis pasos y bebed de las copas que yo he bebido, las copas de la tristeza, el dolor, las lágrimas, las dificultades y la perseverancia».

Kemathi formó su primer «Gobierno» en la selva, en el año 1955, al que llamó «Parlamento de Kenia». En ese año el general Njama, secretario jefe del «Parlamento», asaltó la granja del mayor británico Owen Jeoffrys, mientras éste dirigía una operación de castigo contra los maus. Njama no destruyó nada en la granja ni mató a nadie. Tan sólo dejó una nota al mayor en la que decía: «No odiamos el color del hombre blanco, pero no podemos tolerar ver cómo los colonos extranjeros poseen fincas de más de cincuenta mil acres, la mayoría tan sólo ocupadas por fauna salvaje, mientras miles de africanos se mueren de hambre en su propio país. No podemos aceptar que el hombre blanco siga siendo el señor y el africano el sirviente. Pude quemar su granja, pero no lo he hecho para demostrarle que no somos tan destructivos como pueda usted pensar. Seis millones de africanos que tienen razón derrotarán al fin a sesenta mil europeos que están equivocados».

A finales de 1955, de los ciento veinte mil maus que comenzaron la lucha quedaban en libertad únicamente quince mil. En 1956 la casi totalidad de los miembros del «Parlamento» de Kemathi habían muerto o estaban en campos de concentración. Y había más de cien mil kikuyus encarcelados. Para octubre de ese año, Kemathi estaba en los bosques acompañado tan sólo por trece fieles. Era el hombre más buscado de África y el cerco británico se estrechaba a su alrededor. El 21 de ese mes, hambriento, Kemathi recorrió, solo y sin comer, más de ochenta millas en veintiocho horas, en el Nyandura Forest. Un guardia le sorprendió en una pequeña aldea, donde había entrado en busca de comida. Le disparó y le alcanzó en el muslo. Y Kemathi fue capturado.


Al día siguiente su foto apareció en toda la prensa, esposado y herido, con la rabiosa mirada de un felino capturado cuyo corazón no se ha rendido. Miles de copias de la fotografía fueron arrojadas por aviones británicos sobre los bosques de las Tierras Altas. Los kikuyu incorporaron una nueva leyenda a su mitología: la misma mañana en que Kemathi cayó en manos de sus enemigos, una hermosa higuera centenaria se derrumbó cerca del monte Kenia, el monte sagrado de los kikuyu, sin que el aire, un rayo o una enfermedad la hicieran desplomarse.

Kemathi fue juzgado y ejecutado a comienzos de 1957. Y la rebelión Mau se dio por concluida. En 1961, Kenyatta salía de la cárcel y se convertía en el adalid de la Kenia independiente. Este kikuyu sagaz, que había estudiado en Gran Bretaña, convenció a Londres de la necesidad de aceptar una Kenia independiente en la que los intereses de los colonos serían respetados.

Los colonos aceptaron a regañadientes la decisión de Londres. Y Kenia se proclamó independiente en diciembre de 1963, integrada en la Commonwealth. A los actos de celebración asistió el príncipe Felipe, marido de la reina de Inglaterra. Se cuenta como anécdota del acto que el príncipe, en un momento de la ceremonia, se volvió a Kenyatta y le dijo en voz baja: «¿Pero realmente desean ustedes ser independientes?». Un año después, Kenia se constituía en República y nombraba a Jomo Kenyatta su primer presidente.

Los últimos combatientes del Mau-Mau bajaron a Nairobi desde las selvas y montañas de las Tierras Altas aquel mes de diciembre de 1963, y en el estadio Ruringu, ante miles de kikuyus enfervorizados, entregaron sus armas, en un acto simbólico, a Kenyatta. Ante él acataron el nuevo poder los últimos generales maus, como Mwariana, Mugira y Baimungi, y entre ellos una mujer, la mariscala Muthoni.
Los años siguientes, muchas de las promesas hechas a los maus no se cumplieron. No recibieron tierras e incluso algunos de ellos, como Baimungi, fueron asesinados en extrañas circunstancias. Kenyatta había dicho a los colonos blancos poco después de la proclamación de la independencia: «Muchos de ustedes son tan buenos kenianos como yo. Soy un político, pero también un granjero como ustedes. Creo que la tierra nos une a todos y en ese punto tenemos una forma de mutuo entendimiento».

Esas promesas hechas a los blancos sí se cumplieron, y una minoría blanca, junto con la elite negra, controla hoy todas las riquezas de Kenia, entre ellas las mejores granjas de las Tierras Altas. El sucesor de Kenyatta, Daniel Arap Moi, es uno de los hombres más ricos de África y siempre incluye, en sus gobiernos, a algún representante de la comunidad blanca.



El pueblo kikuyu sigue pasando hambre. Y cuando uno de sus líderes alza la voz reclamando justicia y el cumplimiento de las antiguas promesas suele acabar con un tiro en la cabeza. A Delamere no le habría disgustado mucho este sistema, aunque tuviera que cenar algunas veces al año, en la misma mesa, con unos cuantos negros.




29 ene 2012

La historia de los Buffalo Soldier, según Bob Marley

El título y la letra de esta canción de Bob Marley y Noel G. "King Sporty" Williams se refieren a los regimientos de caballería estadounidenses formado por gente de raza negra, conocidos como "Buffalo Soldiers", que lucharon en la guerra de la India después de 1866. En su letra Marley asemeja el ideal de lucha a la supervivencia, la refundición y como un símbolo de resistencia negra ante sus derechos.

La letra no puede ser interpretada literalmente, debido a las inexactitudes históricas sobre el tema. Las referencias a los "Ladrones de África, llevados a América para combatir, luchando por la supervivencia" esta basada en el conflicto que generó la importación de esclavos a los Estados Unidos cuando esto fue prohibido desde 1808 en adelante, de manera que la persona esclava más joven para luchar en esa guerra, habría tenido más o menos 58 años de edad, para que formase parte de los Buffalo Soldier en 1866.

Del mismo modo, la apertura de la línea que dice "Buffalo Soldier, dreadlock rasta" es históricamente inexacto ya que el movimiento rastafari  se fundó en 1930 y se centra en los ideales de Haile Selassie, que nació 1892 mucho después de la existencia de los Buffalo Soldier. Por lo tanto la tematica la usa solo metaforicamente.

La canción contiene un pegajoso grito woy! yoy! yoy!, el cual es similar a la del coro de la canción del programa de televisión Banana Split llamada "The Tra-La-La Song", el cual fue editado en 1968 de su programa de televisión.

Esta es la letra completa de la canción:

Buffalo soldier, dreadlock rasta:
there was a buffalo soldier in the heart of america,
stolen from africa, brought to america,
fighting on arrival, fighting for survival.
i mean it, when i analyze the stench -
to me it makes a lot of sense:
how the dreadlock rasta was the buffalo soldier,
and he was taken from africa, brought to america,
fighting on arrival, fighting for survival.
said he was a buffalo soldier, dreadlock rasta -
buffalo soldier in the heart of america.
if you know your history,
then you would know where you coming from,
then you wouldn't have to ask me,
who the 'eck do i think i am.
i'm just a buffalo soldier in the heart of america,
stolen from africa, brought to america,
said he was fighting on arrival, fighting for survival;
said he was a buffalo soldier win the war for america.
dreadie, woy yoy yoy, woy yoy-yoy yoy,
woy yoy yoy yoy, yoy yoy-yoy yoy!
woy yoy yoy, woy yoy-yoy yoy,
woy yoy yoy yoy, yoy yoy-yoy yoy!
buffalo soldier troddin' through the land, wo-ho-ooh!
said he wanna ran, then you wanna hand,
troddin' through the land, yea-hea, yea-ea.
said he was a buffalo soldier win the war for america;
buffalo soldier, dreadlock rasta,
fighting on arrival, fighting for survival;
driven from the mainland to the heart of the caribbean.
singing, woy yoy yoy, woy yoy-yoy yoy,
woy yoy yoy yoy, yoy yoy-yoy yoy!
woy yoy yoy, woy yoy-yoy yoy,
woy yoy yoy yoy, yoy yoy-yoy yoy!
troddin' through san juan in the arms of america;
troddin' through jamaica, a buffalo soldier# -
fighting on arrival, fighting for survival:
buffalo soldier, dreadlock rasta.





Ahora hablaremos un poco sobre Haile Selassie, quien tiene que ver mucho con la cultura Rasta. Este personaje fue el último emperador de Etiopía, asumiendo el trono en 1931 estableciendo un régimen absolutista, que se postergaría con la invasión Italiana en 1936, para volver a tomar el poder en 1952 y finalizar en 1974 con la revolución interna. Un año despues moriría en manos del emperador que lo reemplazó (llamado Mengistu, con un ideario cercano al marxismo), asesinandolo en Rio de Janeiro donde cumplía el exilio.


Ahora su relación con el movimiento Rastafari está basada en la creencia que este emperador fue como la segunda venida de Cristo a la tierra. Los rastafaris hablan de Haile Selassie como el último monarca de la dinastía Salomónica sentado sobre el trono de David, de ahí que se cumple una profecía escrita en Apocalipsis 5, 5.

En abril de 1966, el Emperador visitó Jamaica, en donde se encontró con 31 líderes Rastafari y se dió el lujo de conocer al pueblo jamaicano. En esos días funda la Iglesia Cristiana Copta Jamaiquina, para erradicar las creencias en él como la reencarnación de Jesucristo. Con respecto a su muerte, para la comunidad raftafari este emperador no ha muerto... solo desapareció.

  
"Buffalo Soldier" es una canción de Bob Marley, la cual escribió junto a Noel G. "King Sporty" Williams en las ultimas sesiones del año 1980.
No aparece en ningún disco hasta que en el año 1983 aparece formando parte del disco póstumo llamado Confrontation (recordemos que Marley falleció en 1981). Se convierte en uno de los exitos de ese disco, quedando asi como una de las cnaciones mas exitosas de Marley. A menudo, muchos fans, la consideran una de las canciones mas reconocidas de Bob Marley debido a que el single fue muy todo un éxito en las radios.



22 sept 2011

Sobre las raíces históricas del desastre somalí... y africano.


En el siglo XIX y tras varias décadas de ocupación por parte de los sultanatos árabes, los británicos, franceses e italianos- inmersos en la carrera por la colonización- establecieron sedes en la región. La parte ocupada por los italianos- la Gran Somalia- era la tierra que unía a todos los somalíes. Durante la Segunda Guerra Mundial este territorio fue ocupado por tropas británicas, administrándolo hasta noviembre de 1941, cuando pasó a ser un territorio del Consejo de Administración Fiduciaria de las Naciones Unidas bajo administración italiana.

La actual Somalia surgió el 1 de julio de 1960 a partir de la unión de los territorios británicos (Protectorado de Somaliland Británica) e italianos (Somalia italiana, hasta entonces parte del África Oriental Italiana). La entonces denominada Somalilandia Francesa conseguiría la independencia por separado, convirtiéndose en el actual Djibouti.

Desde 1960 el país estuvo liderado por la Liga de la Juventud Somalí, hasta que en 1969 el asesinato de su líder y un golpe militar inauguraron la historia de la autocracia somalí, colocando como presidente a Mohamed Siad Barre. Durante esta época, en el contexto de la Guerra Fría, el régimen recibió el apoyo directo de Moscú hasta que los propios soviéticos, en un giro inesperado, pasaron a prestar su apoyo a los enemigos etíopes. Somalia optó entonces por buscar ayuda en el bloque occidental.

La pésima situación económica durante estas décadas hizo crecer la oposición armada en el país, sobre todo en la parte norte. Así, ya 1991 (tras la caída de Barre), los enfrentamientos entre clanes tradicionales, protagonistas de la organización pre-colonial del país, terminaron por configurar dos bandos opuestos. Estalló entonces una guerra civil que ya no hallaría solución hasta hoy.

Con el país sumido en la guerra civil y una fuerte sequía, Estados Unidos (EE UU) envió tropas en 1992 para asistir en el reparto de alimentos y socorrer a una población que pasaba por una terrible hambruna; pero también para proteger a los barcos petroleros y de mercancías hacia el mercado estadounidense, en su tránsito por aguas jurisdiccionales somalíes. El Congreso Unido Somalí (CUS), una de las principales organizaciones políticas y paramilitares del país, en aquel momento dominante en el sur y con el control de la capital, se opuso a esta intervención y provocó la interrupción de la ayuda extranjera. Al año siguiente la ONU envió una misión (ONUSOM), que se retiró en 1995 sin haber conseguido ni el restablecimiento de la autoridad nacional, ni la paz en el país.

Tras un largo periodo de enfrentamientos sin visos de pacificación, y a raíz de la Conferencia de Paz celebrada en Djibouti se formó en el año 2000 el llamado Gobierno Nacional de Transición de Somalia. Una entidad, instalada en la capital (Mogadiscio) que, aunque contaba con el respaldo de Naciones Unidas, la Unión Europea y la Liga Árabe- fue rechazada por diversos “señores de la guerra” somalíes. En medio de permanentes enfrentamientos, finalmente, y fruto de los acuerdos alcanzados en la Conferencia de Nairobi celebrados en 2004 (Carta Federal Transitoria), el poder político somalí se estructuró en varias Instituciones Federales Transitorias: un Presidente, un Consejo de Ministros o Gobierno Federal Transitorio (GFT)- integrado por el Presidente de la Republica, el Primer Ministro y otros ministros federales- y un Parlamento Federal Transitorio- compuesto por 450 diputados federales que representan los principales clanes del país. En febrero de 2006, el parlamento se reunió por primera vez en suelo somalí, en la ciudad de Baidoa.

Sin embargo, tampoco estos acuerdos lograron pacificar el país. En 2006 la conocida como “Segunda Batalla de Mogadiscio” inició otra oleada de brutal violencia. En junio la Unión de Tribunales Islámicos (UTI) tomó el control de Mogadiscio. Unos meses más tarde, el gobierno provisional recibió el apoyo militar efectivo de Etiopia, lo que llevó a la UTI, que mantenía el control del sur del territorio somalí, a declararle la guerra.

Posteriormente, a lo largo de 2007, la mayor parte de los territorios controlados por la UTI pasaron progresivamente a manos del GFT, de forma que tan solo Somaliland y, en menor medida el Estado “autónomo” de Putland, quedaron aparte. Un pacto con el GFT, en octubre de 2008, para ampliar el Parlamento y constituir un gobierno de unidad llevó en enero de 2009 a la elección del tercer presidente de GFT, Sharif Sheid Ahmed.

Desde entonces y hasta hoy el país ha seguido atrapado en una constante guerra civil por el control de los territorios entre los principales grupos del país. Esto ha afectado negativamente a la población, cuya situación se ha visto crecientemente agravada, sin que el reciente abandono de la capital por parte de la milicia Al Shabab permita suponer que la paz está más cerca.

A lo dicho hay que añadir que, desde julio de 2011, la población somalí sufre los efectos de la peor crisis alimentaria de los últimos veinte años. Aunque en primera instancia podría entenderse que esa situación es debida a la grave sequía que afecta también a zonas fronterizas de Kenia y Etiopía- es necesario entender que hay otros factores explicativos.

En síntesis, la gran diferencia entre Somalia y el resto de los países del este africano, igualmente afectados por esta sequía, viene dada por la permanencia del estado de guerra. Como se ha explicado anteriormente, desde hace veinte años los somalíes viven sumidos en un clima de violencia de unos contra otros, sin una autoridad central estable y con capacidad para atender a la satisfacción de las necesidades básicas de la población y a su seguridad. La piratería, que recibe un tratamiento mediático desproporcionado, es solo una de las consecuencias de esta anarquía, que oculta una realidad mucho más compleja. Otra consecuencia negativa ha sido el aumento del radicalismo islámico, de tal modo que lo que comenzó como una lucha entre clanes se ha convertido en los últimos años en una guerra entre los líderes de estos clanes, por un lado, y aquellos que demandan la aplicación de la sharia en el gobierno del país, por otro.

EE UU, como uno de los principales instrumentos de ayuda en el país y de apoyo del GFT, es un actor clave en la gestión y posible resolución de la catástrofe humanitaria somalí. En 2008 incorporó a Al Shabab a la lista de organizaciones terroristas internacionales, de tal forma que cualquier tipo de ayuda recibida en territorios controlados por esa organización pasaba a convertirse en un delito. En 2009, y como consecuencia de lo anterior, Washington retiró 50 millones de dólares de ayuda alimentaria destinada al territorio sur de Somalia, principal feudo de Al Shabab.

Por su parte, también Al Shabab es responsable directo de la catástrofe humanitaria que se vive actualmente. Además de los efectos negativos de su estrategia violenta, interesa mencionar su actitud con los donantes internacionales que han tratado de paliar la grave situación del país. Así, como respuesta al castigo impuesto por Washington, ya desde 2010 Al Shabab bloqueó la ayuda alimentaria que proporcionaba el Programa Mundial de Alimentos, aduciendo que ese tipo de ayudas generaba dependencias para la población, acusando a sus trabajadores de corruptos y vinculando este Fondo de Naciones Unidas con la política estadounidense.

Como consecuencia, la población del sur del país- una de las más castigadas del planeta- llevan varios años sin ningún tipo de ayuda. Unas ayudas no solo hubieran aliviado el hambre sino que hubieran permitido crear redes efectivas de distribución en una situación de emergencia humanitaria como la que hoy se vive. En definitiva, ambos elementos combinados (la guerra y el hambre) y una sequía inesperada en el país, han obligado a la población a abandonar sus hogares y emprender el camino hacia los campos de refugiados más próximos, en las fronteras del país.

El ahora mayor campo de refugiados del mundo, Daddab, se ha visto invadido por cientos de miles de somalíes que huyen del hambre y de la violencia. Naciones Unidas ha mostrado su preocupación al entender que el flujo de población- estimada en junio en más de 1.000 personas al día- ha sobrepasado la capacidad del campo para atender mínimamente sus necesidades. Creado inicialmente para asistir a 90.000 personas, ya alberga actualmente a 440.000 y, según informes de Médicos Sin Fronteras, se espera que a finales de año supere las 450.000.

¿Y ahora qué? Miles de somalíes siguen huyendo de unas condiciones de vida desesperadas marcadas por la guerra, la sequía y el hambre. Sus líderes no se ponen de acuerdo sobre soluciones concretas y la comunidad internacional no muestra una firme voluntad por implicarse en el remedio de sus problemas. ¿Veremos llegar el fin de la guerra en Somalia? ¿Habrá un momento en el que las agencias internacionales coordinarán sus esfuerzos para que la ayuda llegue a aquellos que realmente lo necesitan? ¿Habrá un día en que las decisiones políticas no condicionen la vida hasta la muerte? La respuesta a estas preguntas, a día de hoy, todavía no está clara.

Noticia original aquí 

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