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16 may 2012

Ya sabemos qué leen nuestros gobernantes

Esto pertenece a Marco Tulio Cicerón, en el año 55 a.C.

El presupuesto debe equilibrarse,
el tesoro deber ser reaprovisionado,
la deuda pública deber ser disminuida
la arrogancia de los funcionarios públicos
debe ser moderada y controlada,
y la ayuda a otros países debe eliminarse
para que Roma no vaya a la bancarrota.


La gente debe aprender nuevamente a trabajar
en lugar de vivir a costa del Estado.
Marco Tulio Cicerón (106 a.C- 43 a.C), jurista, político, filósofo, orador y escritor romano.


Más de 2.000 años después, hay cosas que parecen permanecer


4 mar 2012

Neandertales, cada vez más humanos

Las excavaciones prosiguen en el yacimiento. Su ritmo es monótono, lento y pausado. Pero también continuo, mecánico, seguro. No hay lugar para la improvisación. De pronto, uno de los trabajadores encuentra lo que parece una punta de lanza rudimentaria. El corte en la piedra, pulida hasta lograr esa forma mortal, da muestra de una artesanía prehistórica. Es un arma, pero ¿a qué especie pertenece?
Cada vez más paleoantropólogos tienen que realizarse esa pregunta. Hasta hace unos años, cualquier utensilio perfeccionado habría sido asignado al ‘homo sapiens’. Sin embargo, los últimos descubrimientos e investigaciones han demostrado que los neandertales, que llegaron a Europa hace 200.000 años, también eran capaces de realizar herramientas muy sofisticadas.

Cada vez que aparece un hueso, una herramienta o una piedra tallada de origen neandertal, su camino se acerca más al cromañón. Y yacimientos como El Sidrón, en Asturias, dan muestra de la importancia de la península ibérica en este tipo de trabajos gracias a la cantidad de restos fósiles. 


En Europa hace 30.000 años convivían al menos dos especies de homínidos desarrollados. Los 'homo sapiens' (nosotros) y los neandertales. Estos últimos eran cazadores corpulentos, aunque de no muy alta estatura, pues rara vez superaban el 1,70. Tenían la frente hundida y una enorme nariz. Vivían en grupos reducidos ligados por vínculos de sangre. Eran capaces de hablar y usar un lenguaje. Fabricaban sus propios utensilios. Controlaban perfectamente el fuego. E incluso desarrollaron un arte plástico y decorativo.

La descripción anterior contrasta con la idea de unos seres toscos, carentes de inteligencia y capacidad de interpretación. Todo lo contrario. Los últimos hallazgos demuestran cada vez más su proximidad con ‘nosotros’, hasta el punto del intercambio genético. Una reciente investigación realizada por el profesor Peter Parham, de la Universidad de Stanford, y publicado en la revista Science, defiende que los neandertales aportaron varios genes al actual sistema inmunológico del ser humano. Algo bastante plausible después de una coexistencia de unos diez mil años. 


De hecho, el proyecto internacional de secuenciación del ADN neandertal liderado por Svante Pääbo, del Instituto Max Planck de Alemania descubrió que el hombre actual comparte un 4% de ADN con los neandertales ¿Significa que hubo cruce entre ambas especies? La mayoría de los científicos siempre lo han negado, pero estos datos dejan abierta la posibilidad.

Los neandertales también eran capaces de hablar. La creencia tradicional imaginaba a unos seres gruñendo o emitiendo gemidos para comunicarse. La realidad es que los neandertales poseían el hueso hioides- situado encima de la laringe- al igual que el del homo sapiens, y podían comunicarse. Eso sí, su menor capacidad de memoria limitaba la comunicación.
¿Enterraban a sus muertos? Los funerales tienen unas implicaciones sociales muy importantes. Sin embargo, hay grandes discrepancias sobre este asunto. Se han encontrado restos neandertales con los huesos claramente rasgados tras haber sido arrancada la carne y extraído el tuétano. Pero se ignora si fue resultado de un proceso ritual, al igual que los egipcios extirpaban los órganos antes de la momificación, o se trataba de simple canibalismo. 


Durante miles de años, los neandertales dominaron el continente europeo. Nada hacía prever su ocaso. Sin embargo, hace unos 27.000 años desaparecieron. Algunos expertos apuntan al cambio climático. Los neandertales eran una especie acostumbrada a unos bosques que se convirtieron en estepas y acabó con su forma de caza. La endogamia es otra de las razones esgrimidas. Los grupos eran muy reducidos y cada vez estaban más aislados. La posibilidad de renovar los genes era muy complicada. Sea como fuere, los neandertales desaparecieron y dejaron su lugar a una especie que supo adaptarse a todos los cambios. El 'homo sapiens'.

14 feb 2012

David el Gnomo, más actual que nunca


"Pienso que fue una serie adelantada a su tiempo. ¡Sus contenidos y la filosofía siguen vigentes!", opina Claudio Biern Boyd, el mallorquín creador de David el Gnomo, por siempre orgulloso de una ficción que hace más de un cuarto de siglo ya transpiraba y convidaba a practicar ecologismo y a cultivar el respeto al prójimo, ya que "nadie es mejor por ser más grande", como transmitían -y demostraban- los dibujos al principio de cada nueva aventura. Amistad, generosidad, hospitalidad fueron otros valores añadidos.
Visualizando únicamente los cinco primeros minutos del primer capítulo nos podremos dar cuenta de que su mensaje, el mensaje de hace casi 30 años, está más vigente que nunca. Contaminación, urbanismo salvaje, construcción a toda costa, calentamiento global... 

Cualquier tiempo pasado...



David, el Gnomo’ fue una serie de la gran empresa de animación BRB Internacional, uno de los buques insignia de la animación española. Fue emitida, por primera vez, en TVE en 1985 y posteriormente redifusionada durante los años posteriores, convirtiéndose en el gran clásico de la animación que es.
Tuvo 26 episodios, creados por Claudio Biern Boyd, uno de los animadores mejor considerados de la industria española, sobre todo debido a sus trabajos anteriores ‘D’Artacán y los Tres Mosqueperros‘ y ‘La vuelta al mundo de Willy Fog‘.

La serie se basó en los libros ‘Los gnomos‘ y ‘La llamada de los gnomos‘ (‘Die Kabouters’), de Will Huygen y Rien Poortvliet y está protagonizada por David, un anciano (“el más anciano del lugar”, según la canción) médico gnomo que presta sus servicios a todo aquel que lo necesite. David está casado con Lisa con la cual tuvo dos hijos, Harold y Lily. Ambos correrán sus aventuras junto a su inseparable amigo, y medio de transporte, Swift el zorro.

Los gnomos son criaturas fantásticas habitantes del bosque, miden no más de quince centímetros, pesan en torno a 300 gramos y viven cuatrocientos años, mostrando un vínculo óptimo con la flora y la fauna. Sus enemigos naturales son los trolls, unas criaturas malolientes y maléficas que se dedican a incordiar y a destrozar la naturaleza.

La serie estaba ideada para concienciar sobre la contaminación y el desastre medioambiental, pero además para educar sobre los distintos animales y plantas que pueblan la naturaleza. Los trolls eran la personificación del desdén que el humano tiene hacia la naturaleza, mientras que los gnomos se mostraban como una especie que practica el "desarrollo sostenible".


31 oct 2011

El mono que salió de África y volvió 'hecho un hombre'

Durante casi un siglo, los libros de texto han contado una historia épica. Tras millones de años de evolución, la vida en la Tierra habría desembocado, en una de sus ramas, en el Homo erectus, un ser humano con un cerebro suficientemente desarrollado como para armarse con un arsenal de piedras para salir, por fin, de África, la supuesta cuna de la humanidad. El erectus habría sido el José Antonio Labordeta de la evolución humana, el viajero que colonizó el mundo, que puso un continente, Eurasia, en su mochila y dio lugar a otras especies humanas. Entre ellas, por qué no, el Homo sapiens: usted.

Esta epopeya, repetida como un mantra, era mentira. Un agujero vertical en la tierra, una cata en el melón del yacimiento de Dmanisi (Georgia), ha destapado un conjunto de piedras trabajadas, inequívocamente por humanos, hace 1,85 millones de años. El descubrimiento, que se publica hoy en la revista PNAS, convierte en 80.000 años más viejos a los habitantes de Dmanisi, cuyos primeros fósiles fueron hallados en 1991 y estaban datados en 1,77 millones de años.





Durante un siglo se pensó que el 'Homo erectus' colonizó el mundo desde África
El salto hacia atrás en el tiempo no es baladí. Aquellos humanos, clasificados como Homo georgicus, vivían en lo que hoy es el Cáucaso antes de que los Homo erectus salieran de África. De nuevo, hay que reescribir la evolución humana. Para el paleontólogo Jordi Agustí, uno de los autores del hallazgo, se veía venir. "Hace entre 1,8 y 1,7 millones de años, las condiciones climáticas no eran muy buenas. Hacía mucho frío en el norte y había sequía en las bajas latitudes. No era el mejor momento para atravesar zonas desérticas, para salir de África", explica.

La fuga hacia Asia tuvo que producirse antes, hace alrededor de dos millones de años. Y debió de tener otro protagonista: el Homo habilis, un ser mucho más torpe que el erectus. Tan zote que en los últimos años buena parte de la comunidad científica ha querido descabalgarlo del género Homo, del que sólo quedamos vivos los humanos modernos, y clasificarlo como australopiteco, casi como si fueran monos.
El 'Homo georgicus' ya pululaba por Dmanisi hace 1,85 millones de años
Con las piezas que hay ahora sobre la mesa, el puzle de la evolución humana ofrecería esta imagen: el Homo habilis (o Australopithecus habilis) habría salido hace unos dos millones de años de África y ya en Asia habría dado lugar al Homo georgicus, que habría desembocado en el Homo erectus, que a su vez habría vuelto a África rebautizado como Homo ergaster, hace 1,6 millones de años, según detalla Agustí. Los primeros fósiles desenterrados en Dmanisi ya apuntaban a este recorrido por el planeta. "Ahora queda claro", asegura Agustí, del Instituto Catalán de Paleoecología Humana y Evolución Social.
La otra posibilidad, argumenta el investigador catalán, es mucho más difícil de sostener. La comunidad científica acepta que Homo erectus, en Asia, y Homo ergaster, en África, eran la misma especie. Si la hipótesis del Homo georgicus se desmorona, el Homo habilis tendría que haber dado lugar, de manera independiente, al ergaster en África y al erectus en Asia. En la evolución, este salto vendría a ser como un triple mortal con tirabuzón.

Los habitantes del yacimiento apenas levantaban metro y medio del suelo
La paleoantropóloga María Martinón-Torres, que no ha participado en este estudio, ve en el nuevo hallazgo un empujón a una hipótesis que se resiste a calar en la comunidad científica: que el ser humano, el género Homo, no surgió en África, sino en Eurasia. "Los Homo georgicus tienen todas las características cronológicas, morfológicas y geográficas para dar lugar a todas las demás especies del género Homo que se conocen", afirma con rotundidad. Según este relato, el habilis habría salido de África como un mono y habría vuelto hecho un hombre.
Martinón-Torres, del Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana, en Burgos, lleva desde 2002 participando en las excavaciones de Dmanisi. En 2008 tuvo que abandonar el país a la carrera cuando Rusia comenzó a bombardearlo. A su juicio, los restos hallados en aquella encrucijada entre Europa, Asia y África representan al principal candidato a primer representante del género Homo, al primer humano. David Lordkipanidze, el jefe de las excavaciones y coordinador del nuevo estudio, es más escéptico. "No es descartable, pero hacen falta más pruebas", señala.
Según Martinón-Torres, no obstante, las piezas encajarían ahora perfectamente. Los Australopithecus habilis, hace dos millones de años, ya comían carne. El abandono de una dieta basada en frutos habría sido trascendental. El enrevesado estómago, adaptado a digestiones complicadas como puede ocurrir hoy con las vacas, se reduce y se optimiza. El cerebro empieza a desarrollarse con la energía sobrante. Y aún más importante: "Al hacernos carnívoros nos hacemos libres. Nuestro alimento se mueve, no está quieto. Y nosotros también nos podemos mover", añade la paleoantropóloga, miembro del equipo que rastrea los yacimientos burgaleses de Atapuerca. El australopiteco, libre, habría echado a andar fuera de África. Y, por el camino, dio lugar al Homo georgicus y este a todas las demás especies conocidas. "Es lo mismo que defendemos con el Homo antecessor de Atapuerca, que no se originó en África, sino en Eurasia", remacha Martinón-Torres.

Jordi Agustí asiente. "El Homo georgicus es, por lo menos, el primer representante del género Homo reconocible", aclara. Aquellos seres que apenas levantaban metro y medio del suelo, con sólo 600 centímetros cúbicos de capacidad craneal frente a los 1.400 de los humanos actuales, serían los tatarabuelos de todos los demás. "Conocemos muy mal el esqueleto del Homo habilis, pero con lo que sabemos podemos decir que era más parecido a los australopitecinos", destaca Agustí. Aquellos brazos eran desproporcionadamente largos como para ser humanos, según muchos investigadores.
Este verano, la cata en la que han aparecido los útiles de piedra se convertirá en una excavación en toda regla. Allí pueden aparecer algunas de las pruebas que reclama Lord-kipanidze. "Si hemos encontrado la industria lítica, deberían de aparecer también los fósiles", barrunta Agustí. Bajo el suelo de Dmanisi están las evidencias de que Eurasia fue, quizá antes que África, una fábrica de especies humanas.

El principal candidato a primer representante del género Homo era un animal carroñero. "Los ‘Homo georgicus' se alimentaban de presas abatidas por otros. Eran como hienas", subraya Jordi Agustí, del Instituto Catalán de Paleoecología Humana y Evolución Social. Pese a su reducida capacidad craneal, 600 centímetros cúbicos frente a los aproximadamente 1.400 de los humanos modernos, los investigadores han descrito comportamientos muy humanos en esta especie, que habría vivido en la actual Georgia hace 1,8 millones de años. En el yacimiento de Dmanisi se encontró una mandíbula de un individuo desdentado. De alguna manera, aquel ‘Homo georgicus' sobrevivió durante meses sin una de sus principales armas en el mundo: sus dientes. Paleoantropólogos como Agustí y Martinón-Torres ven aquí un más que posible "comportamiento solidario". Para Agustí, aquel desafortunado desdentado "tuvo que ser alimentado por el grupo" para salir adelante.




21 sept 2011

La cocina nos hizo humanos. Lo que impulsó nuestra evolución fue guisar

Hace entre 1,9 y 1,8 millones de años, sobre suelo africano, la evolución horneaba lentamente los primeros especímenes de nuestro árbol genealógico. El Homo erectus se perfilaba como el primer eslabón en la cadena de los “nuestros”, la estirpe que podemos rastrear sin interrupciones hasta antes de ayer.
Fue el primero en salir del continente cuna, y presentó un asombroso 42% de incremento en su capacidad craneal respecto a su especie homínida más cercana: el Homo habilis, con el que convivió y con el que no se sabe si tuvo lazos de parentesco.
Hasta ahora, uno de los argumentos más significativos para explicar el estirón que supuso el H. erectus se centraba en el famoso adagio de que somos lo que comemos. Por entonces, la dieta de raíces, frutos, tubérculos, insectos y hojas había hecho hueco a un potente y nuevo manjar: la carne.
Sin embargo, un conocido primatólogo de la Universidad de Harvard (EEUU), Richard Wrangham, ha llegado a la conclusión de que en este caso lo realmente decisivo es cómo comemos. En su último libro, Catching Fire, aún no publicado en España, defiende que no fue la carne, sino el uso del fuego para preparar los alimentos lo que lanzó a aquellos seres por un camino que culminaría en la humanización.
Su visión ha resultado controvertida, porque hasta ahora el control sobre la lumbre no se databa en una fecha tan temprana. Las cenizas más antiguas con trazas de haber sido provocadas voluntariamente se encuentran en el yacimiento de Gesher Benot Ya’aqov (Israel), y la investigadora Nira Alperson les ha atribuido una edad de 790.000 años. Sin embargo, Wrangham aduce que: “La arqueología del fuego es muy difícil de detectar”, y se ha apartado de ese indicio tradicional a la hora de establecer su teoría sobre la trascendencia de los fogones.



De hecho, su punto de partida ha sido la convicción de que “somos el único animal adaptado biológicamente a la comida cocinada”, según afirma, mientras nos explica que la causa reside exactamente en nuestras tripas.
De todos los primates, poseemos el sistema intestinal más pequeño en relación al tamaño corporal. Nos lo podemos permitir, porque hemos trasladado a la encimera (y, a veces, otros sitios) una gran parte del trabajo que supone transformar las viandas en compuestos químicos aprovechables. Como ejemplo, exponer la carne a una temperatura de entre 60 y 70ºC derrite su tejido conjuntivo y reduce al punto mínimo la fuerza necesaria para cortarla. Y un diente destinado a partir una patata hervida puede ser hasta un 82% más pequeño que el que deba hincarse en una cruda.
Aunque también existen formas de adecuar el maná que nos ofrece la naturaleza sin necesidad de chispas. Eduardo Angulo, biólogo de la Universidad del País Vasco, argumenta que: “Una visión más amplia de la gastronomía incluye sistemas de conservación como el secado (seguramente el más antiguo), la salmuera, el enterramiento en la tundra para congelarlo…” En su libro El animal que cocina recoge con detalle cómo ya nuestros ancestros empezaron a ensayar sus primeros pinitos con todos ellos.

Si queremos saber cuándo empezamos ese proceso único de trasteo culinario, bastará con detectar el momento en que se nos empezó a encoger el estómago. La mayor reducción se produjo precisamente en el Homo erectus. Acompañada de una disminución en los dientes, la pelvis y la caja torácica, y un aumento del cerebro. Algo que, desde luego, también contribuyó a hacernos humanos y que no se dio en el contemporáneo Homo habilis; según Wrangham, porque nunca llegó a dominar el fuego.


El menor esfuerzo de masticar y digerir un menú más blando proporcionó unas reservas extra que aportaron mejoras definitivas a sus comensales: fuerza para caminar distancias más largas, un sistema inmunitario fortalecido y crías más robustas que pasaban de la leche al alimento sólido con más facilidad, y dejaban a sus madres libres para volver a parir antes. Sin contar con que la reducción del tiempo de masticado les dejó muchas horas libres, con curiosas consecuencias sociológicas (véase el recuadro "La sartén por el mango").
Pero el mayor beneficio de la bonanza energética lo recibió el centro de control corporal: el cerebro. “Estos órganos son caros, necesitan una enorme cantidad de glucosa y una de las pocas formas que tienen los animales de proporcionársela es teniendo intestinos pequeños”, explica Wrangham. Así, nuestra materia gris empezó a convertirse en la mayor del reino animal en relación a nuestra talla.
Eduardo Angulo considera, además, que la cocina obligó a ejercitar el intelecto en otro sentido: “Cocinar supone planificar la recolección o captura del alimento, su conservación, su preparación e incluso cómo se va a distribuir dentro del grupo: el jefe recibirá más alimento, y quizá los niños y ancianos las piezas más tiernas”, con el reto que todo ello supone para el desarrollo de las habilidades sociales.
La capacidad intelectual pudo potenciar la técnica culinaria, y viceversa, en un ciclo que nos ha traído hasta el presente. En cuanto a las pruebas necesarias para refrendar definitivamente su teoría, el propio Wrangham apunta a claves genéticas: “Lo sabremos cuando averigüemos en qué momento nos adaptamos a los compuestos Milliard, unas sustancias mucho más frecuentes en la comida cocinada que en la cruda”. Mientras, seguiremos disfrutando de un menú en su punto.

Noticia original aquí 
http://www.quo.es/ciencia/prehistoria/la_cocina_nos_hace_humanos


Los saqueadores arruinan un yacimiento prehistórico andaluz

El pasado agosto, el arqueólogo Javier Baena entró en una cueva de la Serranía de Ronda en busca de los primeros humanos que habitaron esta zona de Andalucía. Hacía ya décadas que otros equipos habían escrito que la cueva del Higueral-Guardia, en Málaga, escondía valiosos yacimientos prehistóricos. Tras "cuatro o cinco años" cerrada a la investigación por la Junta de Andalucía, Baena era el primero en haber logrado los permisos necesarios para realizar el primer estudio detallado de su contenido.
Sin embargo, tan pronto comenzó a excavar, el sentimiento de satisfacción de Baena se trocó en "sorpresa y pena".

En lugar de las puntas de flecha y otras herramientas del Neolítico que esperaba hallar en las capas más superficiales, el investigador de la Universidad Autónoma de Madrid se topó con "envoltorios de polvorones y trozos de rueda quemados". Las primeras herramientas del Solutrense, de hace unos 18.000 años, aparecieron poco después en una tierra que había sido meticulosamente removida antes por gentes a los que Baena llama "clandestinos" y que le habían arrebatado un yacimiento "espectacular".
Esos clandestinos han arruinado "uno de los yacimientos solutrenses más importantes de la Península Ibérica y tal vez de toda Europa", señala Baena. En arqueología, remover la tierra de un yacimiento es casi como romper los fósiles a martillazos. Los sedimentos antiguos se mezclan con los recientes y se hace imposible saber de qué fecha son. Pierden el valor científico, que no económico. "Es como si estuvieses tratando a un enfermo en estado crítico y, al final, los resultados de la analítica que pides están mal hechos", compara Baena.

El arqueólogo opina que el expolio es fruto paradójico de la "excesiva voluntad conservacionista" de la Junta de Andalucía, que es quien concede los permisos de entrada de investigadores a los yacimientos. "No han permitido excavar las cuevas para intentar preservarlas, lo que ha dejado vía libre a los clandestinos", lamenta.

Como otros importantes yacimientos de la región, el Higueral está en una zona escarpada y remota a la que sólo llega gente que conoce bien el terreno o que está sobre aviso de la existencia de fósiles. Aunque se sabe que la cueva guarda restos prehistóricos desde principios de la década de 1970, el lugar ha estado durante años abierto, "sin ningún tipo de reja o cartel", denuncia Baena. "Es muy difícil ponerle puertas al campo", explica a este diario Margarita Sánchez, directora general de Bienes Culturales de la Junta de Andalucía. Sánchez apunta que la cueva "tuvo una reja", pero reconoce que este yacimiento ha sido saqueado por curiosos y también por otras personas "con ánimo de lucro que van a sacar las piezas del yacimiento".

Hace decenas de miles de años, a ojos de los humanos que rondaron la sierra, el Higueral era como un chalet de lujo. "Su boca se abre a una empinada pendiente que domina las tierras bajas inmediatas al pantano, contando con claras posibilidades defensivas", explicaba el 10 de diciembre de 1979 el arqueólogo Juan Ramírez en la Hoja del Lunes. Un manantial cercano les proporcionaba agua y la visita de abundante caza, relataba Ramírez en su artículo sobre el yacimiento y los usos que tuvo, incluido uno reciente como redil de ganado. El investigador ya alertaba de "remociones clandestinas" por parte de "algunos grupos de aficionados a la espeleología" y llamaba a las autoridades a su "protección" y excavación científica.

No fue así. La cueva siguió a merced de curiosos, aficionados y ladrones. Este año, Baena reunió a 22 investigadores de universidades de España, Francia e Italia para abordar el proyecto Kuretes, cinco años de excavaciones en Higueral-Guardia. Su solicitud fue aprobada por la Junta de Andalucía y apoyada por el Ayuntamiento de Cortes de la Frontera, el pueblo de la provincia de Málaga a cuyo término pertenece la cueva. Según los datos de Sánchez, es la primera excava-ción sistemática que se ha hecho en la cueva malagueña. Según la directora general, la de Baena ha sido la primera solicitud desde las que analizaron yacimientos "prehistóricosmás recientes" en las "décadas de los ochenta y los noventa".

Tras los malos tragos de principios de agosto, el equipo de Baena ha encontrado motivos para la esperanza. La obsesión de este arqueólogo es el relevo entre los últimos neandertales y los primeros sapiens en España. En muchas cuevas, aparecen primero herramientas musterienses, características de los neandertales, y después otras auriñacienses, atribuidas a los sapiens. En lugares como Higueral-Guardia, Baena busca esclarecer si entreambas poblaciones hubo un hiato de tiempo o si se solaparon, es decir, vivieron en contacto. Para sorpresa del equipo del proyecto Kuretes, los estratos más profundos de la cueva del Higueral-Guardia están intactos. En ellos han encontrado restos musterienses que prueban la presencia de neandertales en la gruta. "No hay un nivel que acredite la transición, hay una capa de terreno vacía entre unos y otros", comenta Baena. En un mes, su equipo podrá datar el sedimento intacto hallado junto a los restos para ponerle fecha a los primeros habitantes de la sierra de Ronda.

El de Higueral-Guardia no es el único yacimiento expuesto a robos. "Casi todas las cuevas del ámbito andaluz han sido expoliadas por clandestinos", señala Baena. Orce (Granada), uno de los sitios paleontológicos más ricos y polémicos de España, ha sufrido destrozos y robos. En 1995, el paleontólogo Josep Gibert invitó a Orce a "300 investigadores de 18 países" para que viesen los hallazgos realizados por su equipo en Barranco León, recuerda su hijo, Luis Gibert. "Días después, encontramos una mandíbula de hipopótamo rota de la que robaron un molar", añade Gibert hijo.
"Es verdad que hay expolios en los yacimientos, tal vez también en Orce", reconoce Bienvenido Martínez-Navarro, investigador del Instituto de Paleontología IPHES que excava actualmente en el yacimiento granadino.

Otros yacimientos podrían desaparecer por abandono. Es el caso de la Solana del Zamborino, un punto de Orce que actualmente está cerrado a la excavación. "Es el lugar donde se han hallado las primeras hachas de mano de Europa y que no se toca desde 1978. Ahora lo están usando como escombrera", alerta Gibert. Asegura que ha informado a la Junta y que esta ha aludido a la falta de fondos como motivo para no reabrir el lugar.

Desde la Junta, Sánchez asegura que "no se está vetando a nadie". "Lo que queremos es abrir un gran concurso para que sean los mejores los que vengan a excavar", señala la directora general. Sánchez añade que no planea abrir la Solana del Zamborino, pero sí que publicará, "antes de que termine la legislatura", una nueva convocatoria para excavar en otros puntos de Orce. Sobre los saqueos comenta que, "hace un mes", la Consejería de Cultura en la que se englo-ba su oficina firmó un convenio con la de Medio Ambien-te para proteger los yacimientos arqueológicos.

Noticia original de aquí


19 sept 2011

La cueva de los sueños olvidados

El domingo 18 de diciembre de 1994, tres espeleólogos franceses abrieron una puerta que llevaba 25.000 años cerrada. Mientras paseaban por cerca del río Ardèche, Jean-Marie Chauvet, Éliette Brunel y Christian Hillaire detectaron una grieta en el suelo que llamó su atención y regresaron al cabo de unas horas con el equipamiento necesario para explorarla. Una vez preparados, se descolgaron con cuerdas y accedieron a una gran cámara, de techos muy altos, y un suelo lleno de huesos de animales. Al enfocar con su lámpara a uno de los saledizos del techo, Brunel descubrió un pequeño mamut pintado en color ocre sobre la pared y no pudo evitar exclamar: “¡Ellos estuvieron aquí!”

¿A quién se refería con la expresión “ellos”? Los autores de aquel mamut pintado en la pared dejaron cientos de pinturas en las galerías de la cueva, las huellas humanas más antiguas datadas hasta la fecha, si los cálculos de los científicos son correctos, y una de las colecciones de arte rupestre más valiosas y sorprendentes del mundo. A lo largo de los 400 metros de la cueva de Chauvet, se han encontrado más de un centenar de pinturas de animales que representan a trece especies diferentes, desde rinocerontes a bisontes o ciervos gigantes, y una abundancia poco habitual de predadores, como los leones, panteras y hienas que se amontonan en las partes más profundas de la cueva.

Imagen tomada de aquí

Quien quiera que fueran aquellos artistas, fueron capaces de elaborar unos trazos más sofisticados que los de pinturas datadas en fechas posteriores y de raspar las paredes de la cueva para pintar mejor o simular la tercera dimensión. Después, desaparecieron de aquel lugar y la entrada de la cueva quedó sepultada durante miles de años hasta que Chauvet y sus amigos descubrieron la hendidura y aquel tesoro perfectamente conservado en su interior. “Los restos parecen tan frescos”, asegura uno de los arqueólogos que han tenido ocasión de inspeccionar la cueva, “que da la impresión de que acabamos de interrumpir a los “auriñacienses” en su tarea y acaban de salir precipitadamente”.

Seducido por la lectura de un artículo sobre la cueva de Chauvet en The New Yorker (ver Fisrt Impressions), el inquieto director Werner Herzog decidió dedicarle su siguiente documental y rodarlo en tres dimensiones para mostrar las sutilezas formales de aquellos primeros artistas. El tráiler de la película ("La cueva de los sueños olvidados"), que se ha publicado hace unos días, permite respirar ese ambiente inquietante de los documentales de Herzog y asomarse a las profundidades de este santuario de los primeros humanos, donde se autoriza a bajar sólo a unos cuantos especialistas.

A medida que se desciende por la cueva, las concentraciones de dióxido de carbono y de radón comienzan a ser peligrosas y pueden provocar alucinaciones. La distribución de las pinturas en la cueva, en etapas progresivas que llevan hasta una oscura cámara donde uno parece rodeado de monstruos, ha llevado a algunos autores a especular con la posibilidad de que la cueva fuera utilizada en una especie de rito “chamánico” de descenso al inframundo.

Mientras se desentraña el misterio, las palabras de Brunel al ver el primer mamut siguen resonando en el interior de la cueva. “¡Ellos estuvieron aquí!”. La respuesta a quiénes eran “ellos”, como apunta el artículo que inspiró a Herzog, tiene mucho que ver con otra más directa: quiénes somos nosotros y qué hacíamos allí hace 30.000 años.


Artículo original de Fogonazos.

16 sept 2011

¿Qué es el indoeuropeo?

¿Sabías que idiomas tan distintos como el inglés, el alemán, el noruego, el lituano, el francés, el español, el ruso, el griego o el polaco —entre muchísimos otros— vienen todos de una misma lengua común? Si creyéramos en el mito de la Torre de Babel, podríamos decir que esta lengua era la que hablaba mucha gente de la prehistoria antes de emprender la construcción de la torre. Esta lengua, de la que obviamente no quedan testimonios, ha recibido el nombre “común” de indoeuropeo, aunque sería más correcto hablar de proto-indoeuropeo.

En verde oscuro, los países donde se habla una lengua indoeuropea de forma oficial; en verde claro, países donde una lengua indoeuropea es cooficial. Se ve claramente que gran parte del mundo es de habla indoeuropea.

Todos sabemos que el español viene, en mayor o menor medida, del latín, gracias a las conquistas de Roma en la Península Ibérica. Pero el latín, entre otras muchas lenguas, se formó a partir de una lengua común que es este proto-indoeuropeo. Este idioma se formaría en torno al año 3000 a.C. sobre la zona de las actuales Armenia o el sur de Ucrania. No se conservan testimonios escritos y es una lengua reconstruida por lingüistas a partir de comparaciones de las lenguas que habrían surgido de ella.

A partir de las migraciones de los pueblos indoeuropeos que hablaban esta lengua desde su lugar de origen hacia lo largo y ancho del mundo, se fueron creando diferentes dialectos que en principio sería el indoeuropeo occidental “centum” (azul) y el indoeuropeo oriental “satem” (rojo). Por supuesto, con el paso de los siglos, estas dos primeras variedades se irían fragmentando en nuevos dialectos que pasarían a constituir las variantes como la germánica (que a su vez se dividiría muy posteriormente en inglés, alemán, sueco, etc.), la itálica (con el latín y posteriormente las lenguas romances como el español), la indo-irania o indo-aria (con idiomas importantes como el sánscrito o el persa), etc.
Por todo esto, no es de extrañar que algunas palabras excesivamente comunes y de primera necesidad como números y palabras para designar vínculos familiares sean muy parecidas en lenguas distintas. Veamos algunos ejemplos (atención al cambio que suele haber entre te y de, ambas consonantes dentales):
  • Padre: pater en latín, father en inglés, Vater en alemán, etc.
  • Hermano: frater en latín, brother en inglés, Bruder en alemán, etc. (en castellano se conservan palabras como “fraternal”)
  • Uno: unus en latín, one en inglés, eins en alemán, etc.
  • Dos: duo en latín, two en inglés, zwei en alemán, etc.
  • Tres: tres en latín, three en inglés, drei en alemán, etc.
  • Me (pronombre personal átono de primera persona): me en latín, me en inglés, mich/mir en alemán, etc.
  • : tu en latín, thou en inglés (antiguo), du en alemán, etc.
Y así una larguísima lista de palabras que se conservan muy parecidas en una grandísima variedad de lenguas del mundo. Sin embargo, cabe aclarar la distinción entre palabras con la misma raíz de origen (como la lista de arriba) y un préstamo como tiene el inglés del latín a cientos (por ejemplo, substance es un préstamo inglés del latín substantia, -ae).

Noticia original de aquí 


Seis mil años abrazados

Un enterramiento «extraordinario desde un punto de vista emocional». Así califica Eduardo Vijande Vila, director de la actividad arqueológica urgente de Campo de Hockey de San Fernando (Cádiz), el hallazgo en el interior del cementerio de un poblado neolítico. La rareza estriba en que los dos individuos que han aparecido en la fosa simple se encuentran frente a frente y con los miembros inferiores y superiores entrelazados. Éste es el motivo por el que se conoce popularmente como el de «los enamorados» y constituye uno de los pocos casos de «abrazo» conocidos, junto al de los «amantes de Valardo», descubierto en la localidad italiana de Mantua en 2007.




Las últimas investigaciones realizadas señalan que este enterramiento tiene una datación absoluta de unos seis mil años. El estudio antropológico preliminar, realizado in situ por la antropóloga Mila Macías, revela que el individuo depositado a la derecha corresponde a un adulto con una edad dental estimada entre 35-40 años, cuyo sexo está pendiente de confirmar a través del estudio antropomórfico y antropométrico, mientras que el de la izquierda corresponde a una niña de unos 12 años. «No hay duda acerca de la intencionalidad por parte de los que efectuaron el enterramiento de que hubiese contacto físico entre ambos individuos, debido a que debió existir entre ellos un fuerte vínculo afectivo», asevera Eduardo Vijande.
Las hipótesis acerca de cuál es el origen de ese vínculo son muchas. Podrían ser familia o ser efectivamente una pareja («en muchas tribus actuales con una edad similar —12, 14 años— ya se considera una mujer», aclara el director de la actividad arqueológica). El rastro de ADN podría aportar luz en este sentido. A pesar de que las analíticas son caras y complicadas con esta cronología, el hecho es que la datación que se acaba de realizar se ha efectuado sobre colágeno de uno de los individuos, precisamente de donde se extrae el ADN, por lo que «puede haber cantidad suficiente para realizar un estudio», indica este especialista.

La extracción de este enterramiento fue realizada en bloque por restauradores con el fin de evitar su separación y contribuir a su conservación. Se prevé que su exposición en el Museo Histórico Municipal de San Fernando sea una realidad durante este año, aunque están pendientes de la última fase de restauración y de las obras en la sala de prehistoria que está llevando a cabo el recinto.
Futuras investigacionesEduardo Vijande afirma que se trata de un enterramiento excepcional desde el punto de vista emotivo, pero que lo realmente interesante desde la óptica científica es el hallazgo de la «espectacular» necrópolis. Tanto por sus dimensiones (pudo llegar a tener 300 enterramientos), como por el estado de conservación de los restos como por la diversidad de estructuras de enterramiento localizadas. En este sentido, los protagonistas de este abrazo forman parte de una estructura circular de unos dos metros de diámetro. «El espacio principal, caracterizado por una mayor monumentalidad, acoge a dos individuos. A su derecha se encuentran esta fosa junto a otras de adultos. A la izquierda 19 niños, cuyas edades oscilaban entre uno y siete años», aclara el director de la actividad arqueológica.
Despues de su datación, Eduardo Vijande señala que lo siguiente es el estudio antropológico, también la paleodieta, las enfermedades... Y las desigualdades sociales, ya presentes en el periodo neolítico. Las grandes tumbas acompañadas de ajuares coexisten con otras de estructura mucho más sencilla.



 

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http://www.abc.es/20100118/cultura-arqueologia/sies-anos-abrazados-201001181820.html

13 sept 2011

Namibia, la cuna de la humanidad


Tal vez algún día haya que reconsiderar el término prehistoria para definir el difuso periodo del que no hay registro escrito. La genética está ayudando a los científicos a descifrar esa parte del pasado con una veracidad no siempre garantizada para los documentos históricos; los genes no mienten, siempre que se interprete correctamente lo que cuentan. En el estudio que hoy publica Science, el mayor emprendido con datos genéticos de África, cuentan mucho sobre el origen de los humanos, su viaje por el planeta y sus herederos actuales que custodian la cuna africana de nuestra especie.

Un equipo internacional de científicos dirigido por la genetista de la Universidad de Pensilvania Sarah Tishkoff ha completado un extenso trabajo de 10 años en el que se han recogido, analizado y comparado 1.327 marcadores de ADN en unos 4.000 individuos de remotas poblaciones africanas, cuatro afroamericanas y 60 no africanas. El método convierte las semejanzas y diferencias entre los ADN de distintos donantes en distancias genéticas, que pueden traducirse en lapsos temporales y correlacionarse con distancias geográficas para rastrear los itinerarios y ritmos de la diáspora humana.

Después de procesar el ingente volumen de datos, son varias las conclusiones. Quizá la más llamativa es la que sitúa las primeras poblaciones de humanos modernos hace unos 200.000 años en la región costera fronteriza entre Namibia y Angola. África Oriental, considerada habitualmente la cuna humana, habría acogido en torno al Mar Rojo el principal nudo de donde hace 100.000 años partieron las dispersiones hacia Eurasia, la primera estación central de la humanidad.


Menos sorpresas hay en la demostración de que los africanos son los humanos genéticamente más diversos; a lo largo de las migraciones, el efecto fundador –expansión de poblaciones a partir de pocos individuos– fue reduciendo la variedad. Los datos apuntan a 14 grupos ancestrales de los que derivaron todas las etnias africanas, cuyos parentescos genéticos coinciden a grandes rasgos con los patrones previamente definidos por la lingüística y la antropología cultural.

Un dato curioso es la estrecha relación genética entre todos los grupos cazadores y recolectores geográficamente dispersos, desde los bosquimanos khoisan del sur o los ndorobo de Kenia a los pigmeos centroafricanos. El habla de algunos de estos grupos se caracteriza por consonantes chasqueadas con la lengua, algo que falta en los pigmeos. Si la genética no falla, dicen los autores, el lenguaje original de los pigmeos también habría incluido estos sonidos, que quizá luego se perdieron.

Por último, el trabajo revela los ingredientes genéticos de los afroamericanos: su herencia procede en un 71% de varios grupos africanos occidentales, en un 13% de Europa y en un 8% de otras etnias africanas.
Tishkoff ofrece su trabajo como primera piedra para estudiar cómo las variantes genéticas de los africanos influyen en su respuesta a fármacos y sensibilidad a enfermedades. Para ello, dice, deberán considerarse varias etnias y no sólo una como a veces ocurre ahora, ya que ninguna población representa a todo el continente.

Noticia original Diario Público

Descubierto el ancestro del Homo erectus


Una serie de cinco artículos, publicados en el último ejemplar de Science y basados en novedosas pruebas relacionadas con diversos aspectos de la anatomía del Australopithecus sediba, revelan nuevos elementos atribuidos a dos esqueletos: el análisis de la mano más completo hasta ahora de un homínido temprano, la descripción de la pelvis, del cerebro y el hallazgo de nuevas piezas del pie y el tobillo.

Desde su descubrimiento, en el mes de agosto de 2008 en Malapa (Sudáfrica), se han encontrado en este lugar más de 220 huesos de homínidos de más de cinco individuos, incluyendo restos de bebés, jóvenes y adultos.

Según el profesor Lee Berger, del Instituto de Evolución Humana de la Universidad de Witwatersrand (Sudáfrica), el Australopithecus Australopithecus sediba  muestra una combinación sorprendente de características únicas, nunca antes observadas en un ancestro humano temprano.
Los descubrimientos, que incluyen la mano más completa que se haya descrito en un homínido temprano, una de las pelvis más completa jamás descubierta y la marca de las nuevas piezas del pie y el tobillo, ponen en duda algunas teorías largarmente aceptadas sobre la evolución humana.

Según explica Berger, "los fósiles muestran un cerebro sorprendentemente avanzado, pero pequeño, una mano muy evolucionada, una pelvis moderna y una forma del pie y del tobillo nunca antes vista en otras especies de homínidos que combinen características de monos y humanos en un mismo paquete anatómico. Las avanzadas características encontradas en el cerebro y el cuerpo lo convierten en el mejor candidato como ancestro del género Homo". También hay algunas nuevas evidencias que sugieren que Australopithecus sediba podría haber sido un fabricante de herramientas.

 Imagen extraída de aquí


El equipo de estudio de estos fósiles ha contado con más de 80 científicos, estudiantes y técnicos de todo el mundo, entre los que se encuentran, entre otros, equipos de expertos geólogos, especialistas en informática, morfólogos y físicos.

Para datar la edad de los restos, la doctora Robyn Pickering y sus colegas de la Universidad de Melbourne utilizaron avanzadas técnicas de datación con uranio-plomo y algo llamado datación paleo-magnética, que mide cuántas veces el campo magnético de la Tierra se ha invertido en los sedimentos calcificados que rodean los fósiles.
Se registró una edad de los fósiles de aproximadamente 1,977 millones de años, anterior a las primeras apariciones de rasgos específicos de Homo en el registro fósil.

 Imagen extraída de aquí

Hasta ahora, los fósiles de alrededor de 1,9 millones de años -en su mayoría atribuidos a Homo habilis y Homo rudolfensis- han sido consideradas los ancestros del Homo erectus, sin discusión, el ancestro humano más antiguo.

Noticia original en La Vanguardia


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