Durante casi un siglo, los libros de texto han contado una
historia épica. Tras millones de años de evolución, la vida en la Tierra
habría desembocado, en una de sus ramas, en el
Homo erectus,
un ser humano con un cerebro suficientemente desarrollado como para
armarse con un arsenal de piedras para salir, por fin, de África, la
supuesta cuna de la humanidad. El erectus habría sido el José Antonio
Labordeta de la evolución humana, el viajero que colonizó el mundo, que
puso un continente, Eurasia, en su mochila y dio lugar a otras especies
humanas. Entre ellas, por qué no, el
Homo sapiens: usted.
Esta
epopeya, repetida como un mantra, era mentira. Un agujero vertical en
la tierra, una cata en el melón del yacimiento de Dmanisi (Georgia), ha
destapado un conjunto de piedras trabajadas,
inequívocamente por humanos, hace 1,85 millones de años. El descubrimiento, que se publica hoy en la revista
PNAS,
convierte en 80.000 años más viejos a los habitantes de Dmanisi, cuyos
primeros fósiles fueron hallados en 1991 y estaban datados en 1,77
millones de años.
Durante un siglo se pensó que el 'Homo erectus' colonizó el mundo desde África
El salto hacia atrás en el tiempo no es baladí. Aquellos humanos, clasificados como
Homo georgicus, vivían en lo que hoy es el Cáucaso antes de que los
Homo erectus salieran de África.
De nuevo, hay que reescribir la evolución humana.
Para el paleontólogo Jordi Agustí, uno de los autores del hallazgo, se
veía venir. "Hace entre 1,8 y 1,7 millones de años, las condiciones
climáticas no eran muy buenas. Hacía mucho frío en el norte y había
sequía en las bajas latitudes. No era el mejor momento para atravesar
zonas desérticas, para salir de África", explica.
La fuga hacia Asia tuvo que producirse antes, hace alrededor de dos millones de años. Y debió de tener otro protagonista: el
Homo habilis,
un ser mucho más torpe que el erectus. Tan zote que en los últimos años
buena parte de la comunidad científica ha querido descabalgarlo del
género Homo, del que sólo quedamos vivos los humanos modernos, y
clasificarlo como australopiteco, casi como si fueran monos.
El 'Homo georgicus' ya pululaba por Dmanisi hace 1,85 millones de años
Con las piezas que hay ahora sobre la mesa,
el puzle de la evolución humana ofrecería esta imagen: el
Homo habilis (o
Australopithecus habilis) habría salido hace unos dos millones de años de África y ya en Asia habría dado lugar al
Homo georgicus, que habría desembocado en el
Homo erectus, que a su vez habría vuelto a África rebautizado como
Homo ergaster,
hace 1,6 millones de años, según detalla Agustí. Los primeros fósiles
desenterrados en Dmanisi ya apuntaban a este recorrido por el planeta.
"Ahora queda claro", asegura Agustí, del Instituto Catalán de
Paleoecología Humana y Evolución Social.
La otra posibilidad, argumenta el investigador catalán, es mucho más difícil de sostener.
La comunidad científica acepta que Homo erectus, en Asia, y Homo ergaster, en África, eran la misma especie. Si la hipótesis del
Homo georgicus se desmorona, el
Homo habilis tendría que haber dado lugar, de manera independiente, al ergaster en África y al erectus
en Asia. En la evolución, este salto vendría a ser como un triple mortal con tirabuzón.
Los habitantes del yacimiento apenas levantaban metro y medio del suelo
La
paleoantropóloga María Martinón-Torres, que no ha participado en este
estudio, ve en el nuevo hallazgo un empujón a una hipótesis que se
resiste a calar en la comunidad científica: que el ser humano, el género
Homo, no surgió en África, sino en Eurasia. "Los
Homo georgicus tienen
todas las características cronológicas, morfológicas y geográficas para dar lugar
a todas las demás especies del género Homo que se conocen", afirma con
rotundidad. Según este relato, el habilis habría salido de África como
un mono y habría vuelto
hecho un hombre.
Martinón-Torres,
del Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana, en
Burgos, lleva desde 2002 participando en las excavaciones de Dmanisi. En
2008 tuvo que abandonar el país a la carrera cuando Rusia comenzó a
bombardearlo. A su juicio, los restos hallados en aquella encrucijada
entre Europa, Asia y África representan al principal candidato a primer
representante del género Homo, al primer humano. David Lordkipanidze, el
jefe de las excavaciones y coordinador del nuevo estudio, es más
escéptico.
"No es descartable, pero hacen falta más pruebas", señala.
Según Martinón-Torres, no obstante, las piezas encajarían ahora perfectamente. Los
Australopithecus habilis,
hace dos millones de años, ya comían carne. El abandono de una dieta
basada en frutos habría sido trascendental. El enrevesado estómago,
adaptado a digestiones complicadas como puede ocurrir hoy con las vacas,
se reduce y se optimiza. El cerebro empieza a desarrollarse con la
energía sobrante. Y aún más importante: "Al hacernos carnívoros nos
hacemos libres. Nuestro alimento se mueve, no está quieto.
Y nosotros también nos podemos mover",
añade la paleoantropóloga, miembro del equipo que rastrea los
yacimientos burgaleses de Atapuerca. El australopiteco, libre, habría
echado a andar fuera de África. Y, por el camino, dio lugar al
Homo georgicus y este a todas las demás especies conocidas. "Es lo mismo que defendemos con el
Homo antecessor de Atapuerca, que no se originó en África, sino en Eurasia", remacha Martinón-Torres.
Jordi Agustí asiente. "El
Homo georgicus
es, por lo menos, el primer representante del género Homo reconocible",
aclara. Aquellos seres que apenas levantaban metro y medio del suelo,
con sólo 600 centímetros cúbicos de capacidad craneal frente a los 1.400
de los humanos actuales, serían los tatarabuelos de todos los demás.
"Conocemos muy mal el esqueleto del
Homo habilis, pero con lo que
sabemos podemos decir que era más parecido a los australopitecinos", destaca Agustí. Aquellos brazos eran desproporcionadamente largos como para ser humanos, según muchos investigadores.
Este
verano, la cata en la que han aparecido los útiles de piedra se
convertirá en una excavación en toda regla. Allí pueden aparecer algunas
de las pruebas que reclama Lord-kipanidze. "Si hemos encontrado la
industria lítica, deberían de aparecer también los fósiles", barrunta
Agustí. Bajo el suelo de Dmanisi están las evidencias de que Eurasia
fue, quizá antes que África, una fábrica de especies humanas.
El
principal candidato a primer representante del género Homo era un
animal carroñero. "Los ‘Homo georgicus' se alimentaban de presas
abatidas por otros. Eran como hienas", subraya Jordi Agustí, del
Instituto Catalán de Paleoecología Humana y Evolución Social. Pese a su
reducida capacidad craneal, 600 centímetros cúbicos frente a los
aproximadamente 1.400 de los humanos modernos, los investigadores han
descrito comportamientos muy humanos en esta especie, que habría vivido
en la actual Georgia hace 1,8 millones de años. En el yacimiento de
Dmanisi se encontró una mandíbula de un individuo desdentado. De alguna
manera, aquel ‘Homo georgicus' sobrevivió durante meses sin una de sus
principales armas en el mundo: sus dientes. Paleoantropólogos como
Agustí y Martinón-Torres ven aquí un más que posible "comportamiento
solidario". Para Agustí, aquel desafortunado desdentado "tuvo que ser
alimentado por el grupo" para salir adelante.