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4 mar 2012

Neandertales, cada vez más humanos

Las excavaciones prosiguen en el yacimiento. Su ritmo es monótono, lento y pausado. Pero también continuo, mecánico, seguro. No hay lugar para la improvisación. De pronto, uno de los trabajadores encuentra lo que parece una punta de lanza rudimentaria. El corte en la piedra, pulida hasta lograr esa forma mortal, da muestra de una artesanía prehistórica. Es un arma, pero ¿a qué especie pertenece?
Cada vez más paleoantropólogos tienen que realizarse esa pregunta. Hasta hace unos años, cualquier utensilio perfeccionado habría sido asignado al ‘homo sapiens’. Sin embargo, los últimos descubrimientos e investigaciones han demostrado que los neandertales, que llegaron a Europa hace 200.000 años, también eran capaces de realizar herramientas muy sofisticadas.

Cada vez que aparece un hueso, una herramienta o una piedra tallada de origen neandertal, su camino se acerca más al cromañón. Y yacimientos como El Sidrón, en Asturias, dan muestra de la importancia de la península ibérica en este tipo de trabajos gracias a la cantidad de restos fósiles. 


En Europa hace 30.000 años convivían al menos dos especies de homínidos desarrollados. Los 'homo sapiens' (nosotros) y los neandertales. Estos últimos eran cazadores corpulentos, aunque de no muy alta estatura, pues rara vez superaban el 1,70. Tenían la frente hundida y una enorme nariz. Vivían en grupos reducidos ligados por vínculos de sangre. Eran capaces de hablar y usar un lenguaje. Fabricaban sus propios utensilios. Controlaban perfectamente el fuego. E incluso desarrollaron un arte plástico y decorativo.

La descripción anterior contrasta con la idea de unos seres toscos, carentes de inteligencia y capacidad de interpretación. Todo lo contrario. Los últimos hallazgos demuestran cada vez más su proximidad con ‘nosotros’, hasta el punto del intercambio genético. Una reciente investigación realizada por el profesor Peter Parham, de la Universidad de Stanford, y publicado en la revista Science, defiende que los neandertales aportaron varios genes al actual sistema inmunológico del ser humano. Algo bastante plausible después de una coexistencia de unos diez mil años. 


De hecho, el proyecto internacional de secuenciación del ADN neandertal liderado por Svante Pääbo, del Instituto Max Planck de Alemania descubrió que el hombre actual comparte un 4% de ADN con los neandertales ¿Significa que hubo cruce entre ambas especies? La mayoría de los científicos siempre lo han negado, pero estos datos dejan abierta la posibilidad.

Los neandertales también eran capaces de hablar. La creencia tradicional imaginaba a unos seres gruñendo o emitiendo gemidos para comunicarse. La realidad es que los neandertales poseían el hueso hioides- situado encima de la laringe- al igual que el del homo sapiens, y podían comunicarse. Eso sí, su menor capacidad de memoria limitaba la comunicación.
¿Enterraban a sus muertos? Los funerales tienen unas implicaciones sociales muy importantes. Sin embargo, hay grandes discrepancias sobre este asunto. Se han encontrado restos neandertales con los huesos claramente rasgados tras haber sido arrancada la carne y extraído el tuétano. Pero se ignora si fue resultado de un proceso ritual, al igual que los egipcios extirpaban los órganos antes de la momificación, o se trataba de simple canibalismo. 


Durante miles de años, los neandertales dominaron el continente europeo. Nada hacía prever su ocaso. Sin embargo, hace unos 27.000 años desaparecieron. Algunos expertos apuntan al cambio climático. Los neandertales eran una especie acostumbrada a unos bosques que se convirtieron en estepas y acabó con su forma de caza. La endogamia es otra de las razones esgrimidas. Los grupos eran muy reducidos y cada vez estaban más aislados. La posibilidad de renovar los genes era muy complicada. Sea como fuere, los neandertales desaparecieron y dejaron su lugar a una especie que supo adaptarse a todos los cambios. El 'homo sapiens'.

15 sept 2011

La población mundial llegará a 7 mil millones en esta semana

En los próximos días nacerá un bebé que elevará la población mundial por encima de 7 mil millones, y muy probablemente ese nacimiento tendrá lugar en China o India, dos países con más de mil millones de habitantes.

Nadie está seguro, pues es posible que ya haya 7 mil millones de pasajeros en esta nave espacial que es el planeta Tierra, y no hay estadística que pueda predecir con exactitud cuándo se cruzará esta simbólica cifra.
Naciones Unidas fijó el 31 de octubre como fecha del profético nacimiento, pero como con frecuencia los hechos han refutado las previsiones de los demógrafos, se espera que ese bebé nazca más pronto que tarde.
La tasa de crecimiento de la población ha aumentado a lo largo de la historia. Cuando Jesús nació, se pensaba que unos 300 millones de personas poblaban la Tierra. La marca de los mil millones se alcanzó después de 1800. Sin embargo, en los 11 años del siglo XXI se han sumado mil millones de nuevos habitantes. Y las predicciones sobre el crecimiento futuro de la población se toman ahora con el mismo escepticismo que los avances meteorológicos a largo plazo.

David Bloom, de la facultad de salud pública de Harvard, afirma que la multitud de factores impredecibles obstaculiza tener un panorama global. Entre estos factores figuran enfermedades infecciosas, guerras, avances científicos, cambios políticos y nuestra capacidad para la cooperación global, afirma.
No obstante, se espera que la tasa de crecimiento de la población vaya disminuyendo: para 2050, las previsiones de la ONU oscilan entre 8 mil y 10.5 mil millones de habitantes.
Lo que está claro es que las proporciones variarán entre los países, empezando por las altas tasas de natalidad en Asia y África. India, que actualmente tiene 1.2 mil millones de habitantes, pronto tomará la delantera a China, con 1.3 mil millones, como la nación más poblada del mundo.

Nigeria, el país más poblado de África, cuenta hoy con 162 millones de habitantes, pero verá crecer su población a 750 millones a mediados de siglo.
Otro ejemplo: tanto la industrializada Alemania y Etiopía, en vías de desarrollo, tienen una población de poco más de 80 millones de habitantes. Dentro de 40 años, probablemente habrá 174 millones de etíopes, mientras los alemanes serán sólo 72 millones.
Además, el mundo industrializado está envejeciendo rápidamente. Y esto significa que las relaciones de poder político van a cambiar. Países como China, India y Brasil, con sus 193 millones de personas, cada vez tienen más influencia política.
El peso de las cifras significa más presión sobre la tierra, los alimentos y las fuentes de energía, y cada vez se teme más una lucha por los recursos. Por ejemplo, muchos creen que habrá guerras entre países vecinos por el agua.

La organización medioambiental WWF calcula que, si no cambiamos nuestros hábitos, se necesitarían tres planetas para 2050. En los próximos 40 años tendremos que producir la misma cantidad de alimentos que los creados a lo largo de los pasados 8 mil años, opina Jason Clay, de WWF. Y apunta que todavía se sigue tirando demasiado en el mundo industrializado.
Los más optimistas sostienen que siempre ha habido advertencias apocalípticas sobre las fatalidades del crecimiento de la población, pero aún no se han cumplido. De hecho, avances técnicos y médicos han derivado con frecuencia en resultados más positivos de lo que se temía, no sólo como consecuencia de la píldora y el preservativo, sino de mejoras para la agricultura.

Noticia original de aquí 

13 sept 2011

Namibia, la cuna de la humanidad


Tal vez algún día haya que reconsiderar el término prehistoria para definir el difuso periodo del que no hay registro escrito. La genética está ayudando a los científicos a descifrar esa parte del pasado con una veracidad no siempre garantizada para los documentos históricos; los genes no mienten, siempre que se interprete correctamente lo que cuentan. En el estudio que hoy publica Science, el mayor emprendido con datos genéticos de África, cuentan mucho sobre el origen de los humanos, su viaje por el planeta y sus herederos actuales que custodian la cuna africana de nuestra especie.

Un equipo internacional de científicos dirigido por la genetista de la Universidad de Pensilvania Sarah Tishkoff ha completado un extenso trabajo de 10 años en el que se han recogido, analizado y comparado 1.327 marcadores de ADN en unos 4.000 individuos de remotas poblaciones africanas, cuatro afroamericanas y 60 no africanas. El método convierte las semejanzas y diferencias entre los ADN de distintos donantes en distancias genéticas, que pueden traducirse en lapsos temporales y correlacionarse con distancias geográficas para rastrear los itinerarios y ritmos de la diáspora humana.

Después de procesar el ingente volumen de datos, son varias las conclusiones. Quizá la más llamativa es la que sitúa las primeras poblaciones de humanos modernos hace unos 200.000 años en la región costera fronteriza entre Namibia y Angola. África Oriental, considerada habitualmente la cuna humana, habría acogido en torno al Mar Rojo el principal nudo de donde hace 100.000 años partieron las dispersiones hacia Eurasia, la primera estación central de la humanidad.


Menos sorpresas hay en la demostración de que los africanos son los humanos genéticamente más diversos; a lo largo de las migraciones, el efecto fundador –expansión de poblaciones a partir de pocos individuos– fue reduciendo la variedad. Los datos apuntan a 14 grupos ancestrales de los que derivaron todas las etnias africanas, cuyos parentescos genéticos coinciden a grandes rasgos con los patrones previamente definidos por la lingüística y la antropología cultural.

Un dato curioso es la estrecha relación genética entre todos los grupos cazadores y recolectores geográficamente dispersos, desde los bosquimanos khoisan del sur o los ndorobo de Kenia a los pigmeos centroafricanos. El habla de algunos de estos grupos se caracteriza por consonantes chasqueadas con la lengua, algo que falta en los pigmeos. Si la genética no falla, dicen los autores, el lenguaje original de los pigmeos también habría incluido estos sonidos, que quizá luego se perdieron.

Por último, el trabajo revela los ingredientes genéticos de los afroamericanos: su herencia procede en un 71% de varios grupos africanos occidentales, en un 13% de Europa y en un 8% de otras etnias africanas.
Tishkoff ofrece su trabajo como primera piedra para estudiar cómo las variantes genéticas de los africanos influyen en su respuesta a fármacos y sensibilidad a enfermedades. Para ello, dice, deberán considerarse varias etnias y no sólo una como a veces ocurre ahora, ya que ninguna población representa a todo el continente.

Noticia original Diario Público

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